Ron Padgett

Traducción. Yanina Audisio

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DÍA DE LA BASTILLA

La primera vez que vi París
fui a ver el lugar donde había estado
la Bastilla, y  aunque
vi la columna allí
estaba demasiado consciente de que
la Bastilla no estaba allí:
No supe cómo
ver el vacío.
La gente va a ver
las ausentes Torres Gemelas
y parece gustarles sentir
la pérdida de algo.
No me gusta saber
que ni madre ya no
existe, o la sensación
de saber. Disculpen
por comparar a mi madre
con grandes edificios. También
por hablar de la ausencia.
El cielo rojo y gris
sobre los tejados
está oscureciendo y los habitantes
se apresuran por llegar a casa a cenar.
Espero verte después.

CAZA DE OFERTAS

Supón que encontraste una oferta tan increíble
que te detuviste aturdido por un momento
incapaz de creer que esa cosa pudiera
venderse a tan bajo precio: eso es lo que sucede
cuando naces, y mientras los años pasan
el precio sube y sube hasta que, cerca del final
de tu vida, es tan alto que permaneces allí
aturdido para siempre.

LA CULPA DEL SOBREVIVIENTE

Es muy fácil de tener.
Solo sigue vivo y te encontrarás
teniendo más y más de ella.
Puedes conservarla o transmitirla,
pero es una buena idea conservar una pequeña porción
para esas noches en que te sientes tan bien
que olvidas que eres humano. Entonces enfréntala
y flota desde el techo
que está cubierto de estrellas que brillan en la oscuridad
con el único objetivo de ser bellas para ti,
y mientras desciendes su belleza se apaga y se va,
me refiero a que sale volando a través de la puerta o ventana más próxima,
su “whoosh” erizando el pelo de tus antebrazos.
Si acaso tus brazos fueran verdes, podrías tener dos pequeñas
gramillas!
Pero tus brazos están ahí y estás estropeado.
Todo es tu culpa, de todos modos, y siempre lo ha sido,
la palabra amable que pensaste decir pero no lo hiciste,
la atroz decadencia de la decencia humana, el calentamiento global
pesadillas termonucleares, tu propia cobardía pequeña,
tu idea estúpida de que vivirías para siempre,
todo tua culpa. John Phillip Sousa
inventó el sousafón, lo que también es tu culpa.
Sus notas resuenan como rebotes monstruosos.
Pero cuando despiertas tu cuerpo
parece ajustarse bastante bien, como un traje entallado,
y no te ves tan mal en el espejo.
Hola, amigo! Amigo viejo, amigo joven, a quién le importa?
Quien fuera que se sintió culpable anoche,
al diablo con él. Eso fue entonces.

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