VASKO POPA

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Selección

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Robert Frost 2

NOCHE DE INVIERNO DE UN VIEJO

 

Toda la intemperie lo miraba sombríamente

a través de la escarcha fina -casi separada en estrellas-

que se amontona en el cristal de los cuartos vacíos.

Lo que impidió que sus ojos devolvieran la mirada

fue la lámpara, cerca, inclinada en su mano.

Lo que le impidió recordar qué lo llevó

a ese cuarto rechinante fue la edad.

Se detuvo, rodeado de barriles, confundido.

Y habiendo amedrentado a la bodega de abajo

taconeando allí, la amedrentó una vez más

taconeando al salir; y amedrentó a la noche exterior,

que tiene sus sonidos, familiares, como el rumor

de los árboles y el crujido de las ramas, cosas comunes,

pero nada parecido a golpear una caja.

Una luz era él para nadie más que para sí,

donde ahora se sentó, preocupado con lo que sabía,

una luz quieta, y después ni siquiera eso.

Encomendó a la luna -como era, tardía-, a la luna rota,

mejor que el sol en cualquier caso

para el encargo, su nieve sobre el tejado,

el hielo a lo largo de la pared para cuidar,

y se durmió. El tronco, que se movió con una sacudida

en la estufa, lo perturbó y él se movió a su vez,

aliviando su pesada respiración, todavía dormido.

Un hombre anciano -un hombre- no puede llenar una casa,

una granja, un campo, o si puede,

esto  es, por tanto, lo que hace de una noche de invierno.

caleb-charland

Traducción: Yanina Audisio.