HOWARD ALTMANN

Mantener posición

 

La Historia se sienta en una silla

en una habitación sin ventanas.

Por las mañanas busca una puerta,

por las tardes duerme la siesta.

A la campanada de medianoche,

alarga su cuerpo y suspira.

Cuida el tiempo y pierde tiempo,

conoce su lugar y no conoce su lugar.

A veces considera a la silla un escalón,

a veces cree que la silla no está ahí.

Para las esquinas nunca se ve igual.

Se mantiene en pie bajo una luna llena.

La Historia se sienta en una silla

en una habitación sobre nuestras casas.

 

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In Vino Veritas

 

Y me entregué al poema.

Y el poema se me entregó.

Y me entregué al cielo.

Y el cielo se me entregó.

Y me entregué al viento.

Y el viento tomó lo que le di

y se lo pasó al cielo.

 

Y me entregué a las mujeres.

Y las mujeres se me entregaron.

Y me entregué a la herida.

Y la herida se me entregó.

Y me entregué a la esperanza.

Y la esperanza tomó lo que le di

y se lo pasó a la herida.

 

Y me entregué al vino.

Y el vino se me entregó.

Y me entregué a la luz de las velas.

Y la luz de las velas se me entregó.

Y me entregué a la memoria.

Y la memoria tomó lo que le di

y se lo pasó a la luz de las velas.

 

Y me entregué a la música.

Y la música se me entregó.

Y me entregué al árbol.

Y  el árbol se me entregó.

Y me entregué a la transformación.

Y la transformación tomó lo que le di

y se lo pasó al árbol.

 

Y me entregué al silencio.

Y el silencio se me entregó.

Y me entregué a la  luz.

Y  la luz se me entregó.

Y me entregué a la noche.

Y la noche tomó lo que le di

y se lo pasó a las estrellas.

 

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Ofrendas

 

A la noche le ofrecí una flor

y el cielo oscuro la aceptó

como la tierra, arropando

a la luz.

 

Al desierto le ofrecí una manzana

y las dunas la recibieron

como una boca, hablando

por el viento.

 

A la instalación le ofrecí un árbol

y el museo lo plantó

como un hombre, mirando

su lugar.

 

Al mar le ofrecí una semilla

y su cuerpo la disolvió

como el tiempo, componiendo

una vida.

 

Traducción: Yanina Audisio.

THEODORE ROETHKE

LA BESTIA

Llegué a una gran puerta,
Su dintel sobresalía
Con abrojo, zarza y espino,
Y cuando se abrió, vi
Un prado, exuberante y verde.

Y allí jugaba una gran bestia,
Una inquieta, sin rumbo,
Un trozo de hueso su cuerno,
Y rodeada de helecho.
Me miró; fijamente.

Balanceándome, sostuve su mirada;
Vacilé; me erguí otra vez;
Me erguí pero para tambalearme y caer,
Duramente, sobre el umbral arenoso,
Yací; languideciendo allí.

Cuando me erguí una vez más,
Los grandes ojos redondos habían desaparecido,
La alta hierba exuberante permanecía inmóvil;
Y allí lloré, solo.

James Kimrey Hindle

NIÑO EN EL TECHO DE UN INVERNADERO

¡El viento inflando los fondillos de mis pantalones,
Mis pies rompiendo pedazos de vidrio y masilla seca,
Los crisantemos crecidos a medias mirando hacia arriba como delatores,
A través del vidrio rayado, brillando con la luz del sol,
Unas pocas nubes blancas apresurándose hacia el este,
Una línea de olmos inclinándose y sacudiéndose como caballos,
Y todos, todos señalando arriba y gritando!

Friedrich Kunath - I Wish We Were an Eagle, 2009

LO PEQUEÑO

Los pájaros pequeños giran;
Las cigarras agudas chirrían;
Un gorrión picotea la tierra;
Miro la primera estrella:
Mi corazón retuvo su alegría,
Todo este día de Septiembre.

La luna va hacia lo lleno;
La luna va lentamente hacia abajo;
El bosque se convierte en un muro.
Las cosas lejanas se dibujan más cerca.
Un viento atraviesa la hierba,
Entonces todo es como era.

¿Qué susurra en el helecho?
Siento mi carne dividirse.
Cosas perdidas en el sueño regresan
Como si salieran de mi costado,
Con pies que no hacen ruido
Sobre la tierra anegada.

Las formas pequeñas se adormecen; vivo
Para cortejar a los pequeños aterrados;
Lo que se mueve en la hierba amo;
Los muertos no descansarán quietos,
Y las cosas echan luz sobre las cosas,
Y todas las piedras tienen alas.

Traducción: Yanina Audisio.

WILLIAM SAROYAN

UNA NOCHE LEJANA

Éste era un día de niebla y de recuerdo de días pasados y de viejas canciones. Estuve en casa toda la tarde, oyendo las canciones. Me envolvía la penumbra, y de pronto vino a mi memoria una canción que en cierta ocasión canté a una muchacha en un autocar. Durante un rato allí estuvimos, enamorados; pero, cuando el autocar llegó a Topeka, ella bajó, y no la he vuelto a ver más. Cuando la besé en medio de la noche, se echó a llorar, y yo me sentí enfermar, enfermar de mal de amores. Era una joven noche de agosto e iba a Nueva York por primera vez en mi vida. Y me sentí enfermo porque yo seguía mi camino y ella se iba por el suyo.
Todo este día de niebla permanecí en casa recordando que la vida de un hombre sigue un rumbo y otros distintos las demás vidas, cada una el suyo, salvo las vidas de algunos jóvenes que incesantemente trunca la muerte.
Otros sobreviven la juventud durante un tiempo, pero al final también mueren. Si uno no vuelve a verlos, están muertos aunque el mundo sea un pañuelo; y aunque uno los busque, y los encuentre, estarán muertos, porque cualquier camino que siga cualquiera de ellos es un camino que lleva a una muerte segura.

Joanna Braithwaite 77

El autocar llegó a Topeka, y ella bajó, dobló una esquina, y no la volví a ver más. He visto a muchas otras, no pocas tan adorables como ella, pero a ninguna igual, ninguna con aquella tristeza y aquella voz tan dulce, ninguna que llorase como ella lloraba. Nunca habrá otra con ese mismo aire melancólico. Ni tampoco una noche americana como aquélla. Ella acaso sea ahora más adorable que entonces, pero nunca habrá otra melancolía como la de aquella noche, nunca más volverá ella ni otra alguna a llorar de aquel modo, ni el hombre que la bese se sentirá angustiado con la angustia del amor de aquella noche. Todo ello pertenece a una noche de América, perdida ya y que nunca volverá. Todo ello pertenece a la secular sucesión de circunstancias casuales insignificantes, triviales, que llevaron a la muchacha al asiento contiguo al mío, y de otras igualmente triviales e insignificantes que me llevaron a mí allí, en espera de ella.
Llegó, y se sentó junto a mí, y entonces supe que la espera de todos los años pasados había sido por ella; pero cuando ella bajó del autocar en Topeka, yo me quedé, y tres días más tarde llegué a Nueva York.
Esto es todo lo que ocurrió, salvo que algo de mí mismo continúa allí, en aquella cálida y remota noche americana.
Cuando la obscuridad del día se convirtió en obscuridad de la noche, me puse el sombrero y salí de casa. Paseando por entre la niebla, fui a la ciudad, y el corazón me seguía como un perro grande y paciente, y en la ciudad hallé a algunos de los muertos que son mis amigos, y entre risas más agónicas y desconsoladas que el llanto más amargo, estuvimos comiendo y bebiendo, charlando y cantando, y todo lo que yo recordaba era el encanto de la muchacha llorando porque años de minúsculas circunstancias casuales nos habían reunido, y la necedad de mi corazón incitándome a permanecer con ella, a no ir a ninguna parte, intentando persuadirme de que no hay ninguna parte adonde ir.

Ron Padgett

Traducción. Yanina Audisio

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DÍA DE LA BASTILLA

La primera vez que vi París
fui a ver el lugar donde había estado
la Bastilla, y  aunque
vi la columna allí
estaba demasiado consciente de que
la Bastilla no estaba allí:
No supe cómo
ver el vacío.
La gente va a ver
las ausentes Torres Gemelas
y parece gustarles sentir
la pérdida de algo.
No me gusta saber
que ni madre ya no
existe, o la sensación
de saber. Disculpen
por comparar a mi madre
con grandes edificios. También
por hablar de la ausencia.
El cielo rojo y gris
sobre los tejados
está oscureciendo y los habitantes
se apresuran por llegar a casa a cenar.
Espero verte después.

CAZA DE OFERTAS

Supón que encontraste una oferta tan increíble
que te detuviste aturdido por un momento
incapaz de creer que esa cosa pudiera
venderse a tan bajo precio: eso es lo que sucede
cuando naces, y mientras los años pasan
el precio sube y sube hasta que, cerca del final
de tu vida, es tan alto que permaneces allí
aturdido para siempre.

LA CULPA DEL SOBREVIVIENTE

Es muy fácil de tener.
Solo sigue vivo y te encontrarás
teniendo más y más de ella.
Puedes conservarla o transmitirla,
pero es una buena idea conservar una pequeña porción
para esas noches en que te sientes tan bien
que olvidas que eres humano. Entonces enfréntala
y flota desde el techo
que está cubierto de estrellas que brillan en la oscuridad
con el único objetivo de ser bellas para ti,
y mientras desciendes su belleza se apaga y se va,
me refiero a que sale volando a través de la puerta o ventana más próxima,
su “whoosh” erizando el pelo de tus antebrazos.
Si acaso tus brazos fueran verdes, podrías tener dos pequeñas
gramillas!
Pero tus brazos están ahí y estás estropeado.
Todo es tu culpa, de todos modos, y siempre lo ha sido,
la palabra amable que pensaste decir pero no lo hiciste,
la atroz decadencia de la decencia humana, el calentamiento global
pesadillas termonucleares, tu propia cobardía pequeña,
tu idea estúpida de que vivirías para siempre,
todo tua culpa. John Phillip Sousa
inventó el sousafón, lo que también es tu culpa.
Sus notas resuenan como rebotes monstruosos.
Pero cuando despiertas tu cuerpo
parece ajustarse bastante bien, como un traje entallado,
y no te ves tan mal en el espejo.
Hola, amigo! Amigo viejo, amigo joven, a quién le importa?
Quien fuera que se sintió culpable anoche,
al diablo con él. Eso fue entonces.

Bukowski

Bestias saltando a través del tiempo

Van Gogh escribiendo a su hermano para pedirle pinturas
Hemingway probando su rifle
Celine empobreciéndose como médico
la imposibilidad de ser humano
Villon expulsado de París por ser un ladrón
Faulkner borracho en las afueras de su pueblo
la imposibilidad de ser humano
Burroughs matando a su esposa con una pistola
Mailer apuñalando a la suya
la imposibilidad de ser humano
Maupassant enloqueciendo en un bote
Dostoyevsky contra la pared para ser fusilado
Crane fuera del bote en la hélice
la imposibilidad
Sylvia con su cabeza en el horno como una papa cocida
Harry Crosby saltando dentro de ese Sol Negro
Lorca asesinado en el camino por las tropas españolas
la imposibilidad
Artaud sentado en un banco del manicomio
Chatterton tomando veneno para ratas
Shakespeare un plagiario
Beethoven con un cuerno clavado en la cabeza contra la sordera
la imposibilidad la imposibilidad
Nietzsche volviéndose totalmente loco
la imposibilidad de ser humano
todos demasiado humanos
esta respiración
dentro y fuera
fuera y dentro
estos matones
estos cobardes
estos campeones
estos locos perros de gloria
moviendo este pequeño pedazo de luz hacia nosotros
imposiblemente.

Traducción: Yanina Audisio

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